Las fronteras entre países, además de culturales, físicas, administrativas o lingüísticas, también pueden ser gastronómicas. Hasta el punto de que hay gente que come repugnantes (para nosotros) porque quiere, gente que come cosas repugnantes porque no el queda otro remedio y, también, gente que come cosas repugnantes aunque son las que provocan que las cosas no repugnantes sepan mejor de lo que lo hacen.
Comes queriendo

Balut
En China, sopa de nido de ave, que se confecciona disolviendo nidos de vencejos construidos principalmente con los esputos (los escupitajos) del pájaro. En Japón, Shirako, una popular tapa que se hace con semen de bacalao. En Islandia, Hákarl, tiburón peregrino que se entierra bajo la grava para que fermente. A continuación, se seca durante meses y finalmente se corta a dados y se sirve con palillos.
Comes sin querer (pero no hay remedio)

cacahuetes con caca
A continuación, los niveles máximos de contaminación natural permitidos por la Agencia de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos (FDA), porque resulta muy caro eliminarla por completo (los niveles en España, si bien la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición no los detalla explícitamente, deben de ser similares: en cada 100 gramos de chocolate, por ejemplo, podemos encontrar 60 fragmentos de insectos y un pelo de roedor sin que podamos denunciar al fabricante. En el tomate en lata: 10 huevos de mosca cada 500 g y 30 cada 100 g en salsa. En las espinacas congeladas: 50 larvas de ciempiés cada 100 g. En las patatas fritas: el 6% pueden estar putrefactas. En el maíz dulce: larvas de insectos menores que 2 o 3 mm. En las palomitas de maíz: 1 excremento o pelo de rodeor por envase. En el brécol congelado: 60 áfidos, crías de gusano o larvas cada 100 g. Y así con muchos otros alimentos.
Comes queriendo (porque mejora el sabor de otra cosa)

Bollería con pelo humano
Como el pelo humano. En las listas de ingredientes, aparece como “L-cisteína”. Cómo lo consumimos: bagels, pasteles y bollería industrial. Al parecer nuestro pelo tiene un 14 % de L-cisteína, un aminoácido que se usa para elaborar aromatizantes cárnicos y para hacer más elástica la masa de la bollería industrial.
Pero no os preocupéis: al disolverse el pelo el ácido hidroclorídrico, que crea la L-cisteína, se vuelve irreconocible y estéril. Otra fuente común de L-cisteína son las plumas (y el menores cantidades en la piel del ave), y algunos investigadores tienen la teoría de que esto podría explicar el valor medicinal de la sopa de pollo por su semejanza a un medicamento, la acetilcisteína, que sirve para licuar la mucosa.
Secreciones anales de castor. El castoreum es una secreción de color marrón que excreta el castor y que se acumula en una glándula entre el ano y el pene. Una estricta dieta de hojas y corteza hace que el olor de esta secreción sea similar al de la vainilla, así que se emplea con mucha frecuencia como sustituto del aroma natural a vainilla en helados y refrescos.
Arena. En las listas de ingredientes aparece como “dióxido de silicio”. La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) considera seguro el consumo de dióxido de silicio, y permite hasta un 2 por ciento de contenido de dióxido de silicio en los productos alimenticios. El dióxido de silicio evita que las partículas finas del producto alimenticio provoquen la aglutinación debido a la absorción de humedad. Lo consumimos en la sal y las sopas, entre otros.
Bórax o tetraborato de sodio. En las listas de ingredientes aparece como “E-285”. Lo consumimos al comer caviar y marisco, pues se emplea como conservante. Está prohibido en Europa.
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